· Cartas en familia.


Introducción:

Esta es una carta que yo le envié a mi entonces cuñada. Ella es una madre santa, dulce y encantadora según la moral católica que tantos estragos hace en esa sociedad podrida de El Salvador.

Mi ex-cuñada nunca contestó. Claro, eso es lo típico de esas tan dulces madres. Responder a algo requiere asumir posición y asumir responsabilidad. Pero esos son conceptos totalmente desconocidos en la moral del catolicismo. No es nada raro entonces que hayan sido católicos los que ejecutaron el GENOCIDIO en Rwanda 1994 donde aproximadamente un millón de personas, niños, ancianos, mujeres y hombres, todos totalmente indefensos, perdieron la vida. Todo eso con la bendición explicita del papa en Roma.

Ricardo Alfredo Guillén Herrera (chicayo@hotmail.com)


Sobre las madres santas en El Salvador.
Sobre su papel ”educativo” de las nuevas generaciones…
Qué tristes esperanzas…!

Carta para Elena Regina Gómez Cárcamo (propiedad) de López como madre santa que ella es.
17 de abril de 2004.

Hola Elena!

Cuando yo en 1986 regresé de Managua a vivir en San Salvador y dejé a tu hermana Maricármen con mis hijos, Ricardo Tadeo (6 años) y Eva Cecilia (7 años) en Nicaragua, tuve yo una vez la oportunidad de viajar a San Miguel en cuestiones de mi trabajo en la Universidad. Yo aproveché entonces para ir a visitar a tus papás sobre todo porque yo todavía tenía algunos libros donde ellos. Tu mamá entonces aprovechó para platicar conmigo. La conversación entre ella y yo se dio como sigue:

– Usted -me dijo tu mamá- con toda seguridad tiene usted otra mujer en San Salvador… ¿Verdad?

En ese momento creí yo que tu mamá me estaba reclamando, cosa que de por si me causó irritación, simplemente porque yo consideré (y considero todavía) que mis relaciones con Maricármen son solamente entre Maricármen y yo. Pero también se me pasó por la mente que ella, tal vez, se preocupaba por el bienestar de los niños, Ricardo Tadeo y Eva Cecilia, lo cual en si me parecía muy bueno y además correcto dado que otra mujer significaría que yo desatendiera las necesidades económicas de ellos. Pensando en los niños me calmé yo un poco y le contesté a tu mamá con cortesía:

– No señora, no.

Pero ella siguió:

– Todos los hombres tienen otras mujeres… eso es lo natural…

A las personas como tu mamá les parece ”natural” que los hombres tengan varias mujeres y que visiten burdeles. ¿Dónde dejaba tu mamá su ”moral” católica y su ”decencia”? Yo no lo se, pero así es la cultura católica de ese país. Sea como sea seguí yo con la actitud de contestar con cortesía:

– No, señora. Yo no tengo ninguna otra mujer en ninguna parte. Yo no tengo la capacidad económica de estar manteniendo una mujer en San Salvador y al mismo tiempo poder mandarle dinero a Maricármen para la manutención de ella y los niños.

– Ay no, no, nooo… no me mienta -continuó tu mamá. Eso no puede ser… todos los hombres lo hacen… es natural…

Tu mamá insistía en eso de que era ”natural” que los hombres tuvieran varias mujeres. Típico en la moral católica. Yo estaba ya en éste punto bastante irritado. Yo contesté entonces con la voz ya un poquito subida de tono:

– No señora. Yo no tengo por qué mentirle. La relación entre Maricármen y yo es la relación entre Maricármen y yo. Así de simple. Sólo ella y yo vamos a decidir sobre nuestra relación. Lo que usted pueda pensar y creer no tiene nada que ver con la relación entre Maricármen y yo. A mi no me importa lo que usted crea y por lo tanto no necesito mentirle. Eso le debe quedar bien claro.

– ¿De verdad? -insistió tu mamá- ¿No tiene usted otra mujer en San Salvador…?

Ya en ese punto me pareció claro que tu mamá me estaba reclamando, cosa que la misma Maricármen nunca hizo. Entonces, alzando ya un poco mas la voz le dije:

No señora, se lo estoy diciendo claramente. Yo no tengo por qué mentirle. Despreocúpese de eso, porque eso de todas maneras, no es asunto suyo.

– O sea -insistió tu mamá- usted si que de verdad no tiene otra mujer en San Salvador… ¿Es así…?

– ¡Claro que nooo…! -contesté yo, mostrando ya claramente mi irritación. POR FAVOOOR…! DESPREOCÚPESE…! ESO NO ES ASUNTO SUUUYOOO…!

Entonces tu mamá, acercándose a mi y mirándome fijamente a los ojos me dijo:

– Y usted… ¿Que acaso no es hombre?

En ese momento, anonadado, se me cayó la quijada de la sorpresa y me quedé con la boca mas abierta que el túnel de la muy antigua carretera del litoral. O sea, tu mamá no me estaba reclamando. Tu mamá me estaba EXIGIENDO que yo tuviera otra mujer en San Salvador, lo cual significaba simplemente que yo habría tenido que olvidarme de mis hijos, si pues, algo así como tirarlos a la basura. En ese momento me quedé desconcertado preguntándome cómo es posible que una madre con toda su santidad me pudiera exigir que yo violara el santo precepto, el santo sacramento del matrimonio, rompiera con mis deberes de esposo y padre y, además, tirara a la basura a los propios nietos de ella lanzándome a la lujuria y al pecado. Todo eso es algo que se supone prohibido por la fe cristiana pero que en la práctica recibe la santa bendición de los dioses y de la santa iglesia católica, apostólica y romana…

Cuando yo he comentado ésto con mis hijos (primero Eva y Ricardo, luego Tony y Lisseth), les he explicado que El Salvador es un enorme burdel católico. Es una cultura de burdel lo que es dominante en ese país. En esa ”lógica” de prostíbulo, es lo absurdo lo que se considera ”lógico”. Y no puede ser de otra manera porque si no, se derrumba el burdel católico que las madres construyen en sus hogares. Cada ”hogar” en ese país es un burdel donde la madre es la regenta, ama, dueña y señora del burdel. No es nada raro que la religión diviniza a las madres y les da calidad de santas. Pero es que es claro, las madres son el pilar fundamental en la ”educación” de las nuevas generaciones, que, por supuesto deben de ser ”educadas” con violencia para vivir en ambiente de burdel, someterse y convertirse en verdaderos aplastados del alma para de esa manera, sostener el estado de opresión, abuso y sumisión que ahí se vive y que para la iglesia es tan importante. No es tan extraño, entonces, que toda la ”educación” de los niños se basa en enseñarles a obedecer. Obedecer sin pensar por cuenta propia es lo único a lo que los niños tienen ”derecho”. Bueno, los niños también tienen derecho a ser golpeados, humillados, insultados, degradados, ignorados, abandonados, etc. Si los hijos empiezan a pensar por cuenta propia, empieza entonces a derrumbarse ese prostíbulo católico que las madres construyen en sus hogares. Esa es la razón por la cual la combinación violencia, abuso sexual y religión es lo ”lógico” en los hogares salvadoreños. Un prostíbulo deja de ser prostíbulo en el momento en que la violencia física y el terror de los infiernos -como expresión de violencia psicológica- desaparecen.

Cuando tu mamá me exigió que yo me olvidara de mis hijos, que los tirara a la basura, estaba tu mamá por un lado, expresando su visión de sus propios hijos (incluyéndote a vos misma), o sea, como la basura que ella los consideraba a ustedes, como el mal necesario que ella los consideraba a ustedes. Pero además estaba ella expresando sus mas profundos deseos sexuales, como mujer que ella era. Lo que ella quería era ver en mi un ”verdadero hombre”, o sea, alguien así como tu papá, violento, que golpeaba a tu mamá, que visitaba los burdeles y que compraba prostitución incluyendo sexo con homosexuales, entre otras vulgaridades que él hacía. Porque ”hombre” en ese país es aquel que es violento y existe solamente para comprar prostitución. Lo demás sale sobrando, por ejemplo los hijos (y los nietos por extensión). Ese es un comportamiento que es típico en ese pedazo de país y son sobre todo las mujeres, en su calidad de madres, quienes exigen a los hombres que las cosas sean de esa manera. Tu mamá era un excelente ejemplo de eso.

Consecuencia horrible de esa ”lógica” de las madres salvadoreñas es que los hijos varones son ”educados” para ser esos ”hombres” que ven con un profundo desprecio a las mujeres. Eso, por supuesto, en total acuerdo con la biblia, el libro sagrado del cristianismo. Yo recuerdo como mi mamá contaba una y otra, y otra, y otra, y otra, y otra vez, el mismo ”chiste”. En ese chiste habían dos familias vecinas, una con tres muchachas y la otra con tres muchachos, todos ellos adolescentes. Cuando los muchachos y las muchachas empezaron a coquetear los unos con las otras y las otras con los unos, fue entonces la madre de las muchachas a quejarse con la madre de los muchachos varones. Entonces la madre de los muchachos varones expresó: ”…ay niña Fulanita, amarre sus gallinas que mis gallos andan sueltos…”. Eso le parecía muy chistoso a mi mamá y eso era, por supuesto, lo que se consideraba ”divertido” en ese ambiente. Ahí en ese ”chiste” se refleja el modo de pensar de, en éste caso, mi santa madre. Sí, porque ahí se refleja la idea de que son las muchachas quienes salen perdiendo porque los muchachos no tienen por qué preocuparse de asumir las responsabilidades de lo que ellos le hagan a las muchachas, simplemente porque a ellas se les considera sin valor alguno. Ellas no son consideradas como seres con el derecho a ser respetadas, ellas son consideradas como basura, de manera que los varones pueden hacer con ellas lo que a ellos les de la gana. Eso, al amparo de la ”dulzura” de las madres y el ”amor” de los dioses católicos. Así es de simple esa realidad. Después, cuando una muchacha sale embarazada debido a que un inescrupuloso se aprovechó de ella por medio de engaños, es entonces la muchacha a quien se le acusa. La muchacha es quien fue estúpida y puta, porque el varón solamente es eso, un varón y él existe para andar metiendo su “cosa” ahí donde se pueda y violando a la que se deje. El varón es visto casi como un héroe, sobre todo por la madre de él. El varón sigue su vida como si nada. El varón no tiene ni siquiera que molestarse en pensar en el niño/niña que viene al mundo. Eso es preocupación de la muchacha. Un niño es, después de todo, solamente un niño y no vale nada, sobre todo si le preguntamos a la santísima madre del ”hombre” (el héroe) que hizo la ”hazaña”. Después se oye a las mujeres decir que los hombres son malos, pero… ¿No son acaso las madres quienes ”educan” a esos mal llamados ”hombres”?

O sea, la madre, a pesar de que ella misma es mujer, expresa un profundo desprecio por otras mujeres, incluyendo a sus propias hijas. Es tan ridículo observar como en ese país se desprecia a las mujeres al mismo tiempo que a las madres se les diviniza, se les considera santas. Pero… ¿Es que las madres no son mujeres? Esa es, por supuesto, la ”lógica” en ese burdel donde la madre es santa simplemente porque ella es la regenta de su burdel. Yo recuerdo muy bien, por ejemplo, que cuando yo me casé con tu hermana Maricármen, me dijo mi santa, dulce y encantadora madre que yo fui estúpido por haberme casado. Según mi dulce madre debí yo ”pegarle” un hijo a Maricármen y después tirarla a la basura. Ella, con sus muy firmes ”principios” religiosos donde el casamiento ante los dioses es lo único correcto, me reclamó, con una profunda ira dibujada en su horrible cara, con la frase:

– …ya ves pues, fuiste estúpido y permitiste que te obligaran a que te casaras…

Y es que a mi santísima madre no le gustaba la idea que yo como hombre, le diera mi ”nobleza” a otra mujer que no fuera ella misma. Sí, porque Maricármen según mi mamá, llevaría en adelante el apellido ”de” Guillén, algo que solamente ella, mi santa madre, era digna de llevar. Pero eso es porque en ese mal llamado ”país”, pueden las mujeres ser respetadas si y solamente si ellas son casadas (o sea compradas) y llevan el posesivo ”de” en su apellido. Por ejemplo vos misma cuando vos te pones el ”de” en tu apellido, o sea Elena (propiedad) ”de” López. Es también el caso de mi santa madre, o sea, Esperanza Herrera (propiedad) ”de” Guillén como ella se nombraba, algo que yo cambiaba a Desesperanza Perra de Guillén. En eso se puede ver claramente que es el así llamado hombre quien tiene valor. Una mujer por si misma no merece respeto, no vale nada. Una mujer sólo vale algo si ella ha sido comprada por un hombre y puede entonces escribir el posesivo ”de” en su apellido. Si, posesivo, porque es el hombre el que paga y es el hombre el que es dueño de la mujer. Burdel católico que es ese país.

Cuando yo he discutido todo esto con Evita y con Lissethía, les expreso yo que ellas, como cuestión de principio, tienen todo el derecho a ser respetadas y a no ser vistas como basuras, ni por los hombres ni mucho menos por las otras mujeres. Ellas, además, no necesitan andarse poniendo el ”de” en el apellido, simplemente porque ellas son personas y tienen el derecho a tener dignidad de personas. Ellas no van a ser jamás propiedad ”de” algún hombre (como lo sos vos misma) simplemente porque ellas no son animales. De hecho, y ésto es algo de lo que siempre me sentí muy contento, no se puso Maricármen jamás el ”de” en su apellido. Maricármen se llamó siempre María del Cármen Gómez Cárcamo. Punto. Si, así de simple.

Aquí en Suecia no lleva la mujer la partícula ”de” en su apellido de casada. La sociedad sueca puede tener muchas deficiencias, pero burdel no es ésta sociedad. Lo que la ley establece aquí en Suecia es que cuando una pareja forma familia por medio del matrimonio, entonces debe la pareja escoger un solo apellido. El apellido puede ser cualquiera, puede ser el apellido del hombre o si no, el apellido de la mujer. Pero también puede ser cualquier otro apellido que la pareja puede escoger o incluso inventar. Eso ha llevado algunas veces a situaciones un poco curiosas e incluso chistosas, porque hay gentes que escogen apellidos un poco raros. Hubo una pareja, según los periódicos, que escogió como apellido la palabra ocho (åtta, en sueco). Sí, así simplemente, el número 8. Pero las autoridades del registro civil no lo aceptaron. Entonces la pareja solicitó en un juzgado que se les autorizara usar el apellido en cuestión, pero también allí se les negó. Por último decidieron usar un apellido mas ”normal” que les fue aceptado, aunque ahora ya no me acuerdo que apellido era. Pero además existe aquí en Suecia lo que se llama la ley de los convivientes, ”juntados”, ”rejuntados” o ”arrejuntados”, como se dice en El Salvador, o sea, parejas que viven juntas pero que no se casan. Esas parejas tienen exactamente los mismos derechos y las mismas responsabilidades legales que las parejas de casados, excepto que cada quien conserva su propio apellido, pero sólo si ellos así lo quieren. En resumidas cuentas pueden también esas parejas cambiarse el apellido cuando les de la gana. Otra ventaja de los ”rejuntados” es que cuando deciden separarse, no necesitan hacer muchos trámites legales como el caso de los casados que tienen que pagar abogados, etc. No, los ”rejuntados” agarran simplemente cada quien sus maletas y ni siquiera tienen obligación de decir adiós. Pero claro, con respecto a los niños tienen tanto hombre como mujer las responsabilidades pertinentes. O sea, todo lo contrario que en El Salvador.

Sea como sea, no voy yo a andarme metiendo en las relaciones de mis dos hijas con sus novios. Si, adivinaste, Lissethía y Evita son mis dos hijas y yo las amo a las dos. Lissethía vive en mi casa pues soy yo quien se ha hecho cargo de ella. No, no… En eso te equivocás… Lissethía no es la sirvienta de mi casa. Yo no soy como una madre santa, dulce y encantadora como vos por ejemplo. Ella y yo nos llevamos como papá e hija sin mas y sin menos, precisamente como la relación entre Evita y yo. No es una relación paradisíaca. Es una relación como cualquier otra relación terrenal entre papá e hija, con todas las rebeldías y las desobediencias típicas que una muchacha adolescente de su edad muestra en relación a sus padres. Las ”desobediencias” de Lissethía no me molestan en lo mínimo. Eso es parte inherente a su desarrollo y yo estoy claro que de otro modo se convertiría Lissethía en señorita (prostitutita) decente. Bueno, eso sólo era un paréntesis. Yo les expreso a ellas que si ellas traen hijos al mundo y después se separan de los papás de sus hijos, no voy yo a andar metiéndome en cómo se relacionan entre ellos después de la separación. Yo las voy a apoyar siempre a ellas, total y en forma militante, pero yo voy a respetar su derecho de tomar sus propias decisiones. Y si yo alguna vez me meto a hablar con los padres de los hijos de ellas, será para plantear que asuman la responsabilidad de los hijos (o sea mis nietos). Yo no me voy a poner a exigirles que anden con otras mujeres o que visiten los burdeles. Mi derecho termina ahí, en el planteamiento de que los hijos de mis hijas son mis nietos y yo puedo, por eso, exigirle a alguien que asuma la responsabilidad que le corresponde. No fue así cuando tu mamá habló conmigo. Tu mamá no mencionó sus nietos ni en broma. Mucho menos mostró preocupación por el bienestar de ellos. Tu mamá habló muy claro: Yo, si soy ”hombre de verdad” debería yo andar cogiendo (follando, copulando) con otras mujeres. ¿Y los nietos? Los nietos que coman mucha mierda, para decirlo en el muy ”decente” pensamiento de las santas madres católicas.

Tu mamá se caracterizó por ser una madre verdaderamente grosera, burda, ruda, que no andaba con ”paños tibios”, como se dice. ”Encebate el lomo…” era la expresión típica de ella con la cual mostraba toda su ”dulzura” de madre. Ella mostraba esa ”lógica” de prostíbulo de una manera abierta y sin tapujos. Entre otras cosas no pudo tu mamá ver a Maricármen como a una hija. Tu mamá veía a Maricármen como a una rival con quien ella, tu mamá, se disputaba los intereses sexuales de tu papá. Hasta semejante extremo llegaba la deformación y el trastorno de la mente de una señora tan decente, santa y tan católica como tu mamá. Pero eso es El Salvador, ni mas ni menos. Y esas son las madres en ese burdel católico que se llama El Salvador, ni mas ni menos.

No creas que tu mamá es un caso especial ni mucho menos lo peor. De hecho, mi santa, dulce, encantadora, sencilla, amable, responsable, sufrida y cariñosa madre no era mejor, todo lo contrario. Mi madre era muy decente, pero las cosas que ella fue capaz de hacer le ponían los pelos de punta al mero demonio. Yo creo que es por eso que madres como la mía y la tuya se van al cielo. Pues sí porque el mismísimo demonio se aterroriza con solo verlas y no quiere tenerlas en el infierno. Mi madre era culturalmente mas prostituida que tu madre, nada mas que mi madre tenía otro estilo. Mi mamá no era ruda. No. Mi mamá era muy suave, no alzaba la vos y era muy ”positiva”. ”Hijito lindo…” era la expresión típica de ella con la cual mostraba toda su dulzura de madre hipócrita. Mi mamá era sufrida… Ja…! Del agua mansa que me libre dios… porque de la brava (como tu mamá) me libro yo mismo…

En una ocasión, cuando Maricármen y yo estábamos recién casados tanto que Evita no había nacido todavía, fui yo a la casa de mi mamá (que dicho sea de paso, esa casa era legalmente mas mía que de mi santa madre). Mi mamá aprovechó la ocasión para discutir con migo sus ”apuros” de madre dulce y encantadora. Mi mamá entonces se puso a platicar conmigo y la conversación entre ella y yo se dio como sigue:

– Hijito lindo… -dijo mi mamá. ¿Por qué no te venís de regreso a vivir aquí a la casa…?

– Pero mamá… -contesté yo. Yo ya soy un hombre adulto… yo quiero vivir mi propia vida… Yo no puedo ni quiero traer a Maricármen a vivir aquí…

– ¡Nooo…! ¡Ay no…! ¡Qué tonto…! Yo no digo ella… -respondió mi mamá. Lo que yo digo es que por qué no te venís VOS a vivir aquí, pero solo vos, no ella…

No era la primera vez que mi dulce y amorosa madre insistiera que yo me quedara a vivir el resto de mi vida con ella y que no estudiara ni trabajara. Ella estaba dispuesta a mantenerme como un parásito con tal que yo no abandonara su dulce hogar. En casa de ella tendría yo todo, casa, comida, ropa, etc. Por lo menos era eso lo que ella decía con sus palabras.

– Mire mamá… -respondí yo. Yo no soy ningún parásito. Yo quiero hacer mi vida en una forma constructiva y sana. Yo quiero tener mujer, hijos, hacer familia, trabajar, etc…

– ¡Ay no! Qué tonto que nada entendés… -insistió mi mamá. Ya te he dicho una y mil veces que aquí lo vas a tener todo…

Yo ya me sentía muy irritado en ese momento.

– Yo no soy ningún parásito. Yo quiero ganarme la vida con mi propio trabajo… Aquí no puedo… simplemente…

– Ay no, que estúpido… -insistió mi mamá. Aquí lo vas a tener todo… aquí lo vas a tener todo… todo… ¡Ay no…! Qué estúpido que no entendés…

– Pero claro que entiendo… -le repliqué yo. Yo no soy ningún estúpido… ¿Acaso no le estoy diciendo que yo no quiero ser un parásito? Usted quiere que yo me dedique a parasitar… pero yo no quiero eso… ¿Entiende? Yo quiero tener mujer… Entienda…!

– Ay no, que estúpido… -insistió mi mamá. No entendés nada… Aquí lo vas a tener todo… TODO… TODOOO… Qué estúpido… qué estúpido… nada entendés…

– Por supuesto que entiendo… -insistí yo. Es usted la que es estúpida que no entiende que yo no quiero ser un parásitoooo… y que yo quiero tener mujer además…

– Ay no, no, no, nooo… que estúpido… -insistió mi mamá y se agarraba del pelo y movía la cabeza de un lado para el otro. No entendés nada… Aqui lo vas a tener todo… TODO… TOOODOOO… ¡Entendé…! TOOODOOO… ¡Entendé…! Qué estúpido… qué estúpido… nada entendés… nada entendés… ¡Ay no…! ¡Ay no…! ¡Ay no…!

Mi mamá dio la vuelta y se fue para su cuarto.

Yo me quedé echando chispas del enfado. Yo pensé en ese momento que mi mamá no quería aceptar que yo la entendía a ella perfectamente y que yo no quería dedicar mi vida a parasitar y que además, yo quería tener mujer y formar mi propia familia sin interferencias de mi santísima madre. Pero también, que no tendría sentido irme a vivir a casa de ella con todo y mujer. Pero… cuál no es mi sorpresa 20 años después ya viviendo en Suecia. Fue como un rayo que atravesó mi cerebro… De repente me vienen a la cabeza las imágenes de esa situación con mi santísima madre. Pero en ese momento, 20 años después, ya he yo entendido que mi mamá tenía una relación incestuosa respecto a mi persona. Yo ya había entendido en ese momento que mi mamá no me miraba como a un hijo, ella me miraba como a un amante con quien ella sentía intensos y ardientes deseos sexuales y que se moría de las ganas de coger (copular) conmigo. Entonces, con ese conocimiento que yo no tenía en aquel momento en que mi mamá me dice que yo soy un estúpido que no entiende nada, me doy cuenta que mi mamá tenía razón. Yo en realidad era un estúpido que no estaba entendiendo nada de lo que ella, con toda su santidad católica, me estaba proponiendo. O sea, cuando ella decía ”…aqui lo vas a tener TODO… ¡Entendé…! TOOODOOO…” se refería mi mamá, con toda su santidad de madre, que ahí, en casa de ella además de comida, ropa y zapatos, tendría yo cuerpo de mujer para tener sexo, pues sí, ¡el cuerpo de ella misma…! ¡Mi santísima madre me estaba ofreciendo su cuerpo de mujer para que tuviéramos sexo…! En ese momento en que me doy cuenta de lo que mi mamá verdaderamente me quiso decir sin decirlo abiertamente y sin asumir responsabilidad (como de costumbre), siento yo que un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Todos los pelos de mi cuerpo se ponen de punta del puro susto. De nuevo se me cayó la quijada del susto y, anonadado, me quedé de nuevo con las quijadas mas abiertas que el túnel de la muy antigua carretera del litoral. En ese momento me doy cuenta hasta que punto llega la corrupción de las santísimas madres en ese basurero que se llama El Salvador. Si, ahí donde las bajezas de las madres no tienen límite. No es ningún milagro, pues, que las madres, TODAS, se van al cielo… ¡Los demonios les tienen simplemente miedo…! Todo eso, por supuesto, al amparo y con la bendición de la santa iglesia católica, apostólica y romana…

La corrupción de mi mamá no era nada nuevo para mi. Ya niño veía yo como mi mamá hacía bajezas tras bajezas ”sin darse cuenta” según ella misma explicaba. Yo, siendo apenas un niño de apenas 8, 9 ó 10 años de edad, me daba ya cuenta que mi mamá gozaba de un grado de podredumbre que asustaba a los propios demonios, pero ella misma, a pesar de que ella ya era adulta, decía no darse cuenta. Yo me decía, ya para entonces, que mi mamá era como un pozo sin fondo. O sea, ella hacía una bajeza, pero esa bajeza no era lo peor que ella era capaz de hacer. Ella era siempre capaz de hacer algo aún mas horrible. Aquí sí que vale la expresión ”mas peor” porque para lo que uno podría creer que era lo peor, existía siempre algo todavía ”mas peor” que ella era capaz de hacer. En otras palabras, a lo que se podría llamarle ”peor” nunca se llegaba. Las canalladas que ella era capaz de hacer no tenían límite. Así de simple. Yo me imagino que los demonios estaban muriéndose de la envidia. Los demonios no tenían tanta maldad como para hacer semejantes cosas.

La madre vulgar, burda, grosera y ruda como tu mamá y, por otro lado, la madre santa, dulce, encantadora, víctima y sufrida como mi mamá son sólo dos estilos diferentes del mismo fenómeno. Se trata solamente de dos formas diferentes de prostitución. Sí, de prostitución de hogar. Porque la otra prostitución, la de la calle, es la prostitución que es visible y, curiosamente, la menos perniciosa, la menos morbosa y la menos perversa. Es la prostitución de hogar la que causa los mayores estragos en la sociedad. Es la prostitución de hogar la que hace que tantos muchachos que pudieron haberse desarrollado sanamente, caigan en la adicción a las drogas, delincuencia, etc, etc. Además, las prostitutas de la calle son también muchas veces una consecuencia de la prostitución de hogar. Yo mismo tuve una novia que terminó como prostituta de la calle. De prostituta decente de hogar pasó directamente a prostituta callejera. Pero claro que no pudo ser de otra manera. Si pues, la mamá de ella era santa y sufrida, ”victima” la ”pobrecita” y, como es lo típico en esas madres, jamás en su vida asumió una tan sola responsabilidad, algo que a mi, personalmente, me consta. Pero es claro que las causas de la prostitución callejera son también la pobreza y la ignorancia. Pero por lo menos, la prostituta de la calle es generalmente la que se ve obligada a prostituirse para poder sobrevivir biológicamente para poder tener algo que comer, literalmente. Ese no es el caso de la prostituta de hogar. Las prostitutas de hogar son generalmente mujeres de capas medias y por lo tanto no necesitarían prostituirse para sobrevivir si no fuera por el hecho de que fueron ”educadas” para ser prostitutas por sus prostituidas madres. Yo, cuando andaba haciendo trabajo político con el Bloque Popular Revolucionario, pude darme cuenta de como las prostitutas de los tugurios, favelas o villas miseria, estaban dispuestas a luchar por una sociedad mejor. Eso nunca lo vi en una señorita (prostitutita) decente, mucho menos en una señora (prostitutona) de hogar, como mi santísima madre, para mencionar un ejemplo.

De esos dos estilos de madres y de todos los otros estilos que puedan haber, el peor es el estilo de la madre santa, sufrida y víctima como por ejemplo mi mamá. Aqui vale aquello de que ”…del agua mansa que me libre dios… porque de la brava me libro yo solo…” Si, porque la madre sufrida ataca por la espalda. Una madre como mi santa madre es capaz de abrazar a su hijito lindo y aprovechar entonces para meterle un cuchillo en la espalda. Cuando el hijo reacciona y la mira, se encuentra con una cara de madre sonriente que le da besos y le dice palabras dulces. O sea, cuando yo fui niño y adolescente, me vi en la situación de que mi santa madre, en el mismo momento que ella estaba haciendo una horrible canallada contra mi, me estaba diciendo que era por amor y que era ella quien se estaba sacrificando por mi. Para un niño como el que yo era, es bien difícil saber que es lo que en realidad está pasando. La confusión que causa es horrible. Uno está frente a una madre que con mucha ”dulzura” le dice a uno que uno haga ciertas cosas, y cuando uno las hace, descubre que le causan daño a uno mismo y uno no sabe como reaccionar. O sea, el uso que la madre hace de sus hijos para sus propios intereses, no tiene límite. Puede pasar por el degollamiento del niño, pero la madre le asegura a su adorado hijito lindo que es para bien de él. Además, como que si fuera poco, asegura la madre que es ella quien se está sacrificando. Es precisamente el caso de mi mamá cuando hablaba de estrangular a mi hermana menor Cecilia cuando recién nacida. La madre sufrida es perversa, horriblemente perversa. De hecho, después de tantos decenios de abusos, humillaciones y crímenes que la prostituta de mi madre cometió contra mi persona, suponía ella que era yo quien debería ir donde ella y pedirle perdón. Esas son las madres santas y sufridas. Por lo contrario, con una madre vulgar, burda, grosera y ruda como tu mamá no es tan difícil para un niño saber lo que está pasando porque, sea como sea, la rudeza de ese tipo de madre hace que las verdaderas intenciones sean visibles.

Vos misma sos una madre dulce, ¿verdad? Y muy, pero muy católica, ¿verdad? Vos te vas a ir al cielo, por supuesto. Faltaba mas…

/Ricardo.


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